Tuesday, February 06, 2007

Miento, luego existo


Las más peligrosas de las mentiras
son verdades ligeramente desfiguradas

Aforismo de Georg Chrisstoph Lichtenberg

A los desorientados hijos de este mundo que sólo alcanzamos a palpar con la delicada fascinación de unos dedos ciegos como piedras, duros como un pétalo descarnado de su cáliz. Sabremos callar para no abusar de la extrema paciencia de nuestros días y de los hombres que como nosotros, abusan de su virtud camaleónica frente a la vida.
La tontera, no es que haya comenzado, se podría decir que siempre ha estado ahí, presente como la esquizofrenia en algún rincón semi-hermético del cerebro. La mentira, más que un artilugio para salir airosos de algún apuro, es el único arte innato del cual podríamos jactarnos. La mentira como poder, como pecado, la figura retórica más hermosa que abraza nuestra memoria.
Por no ir más lejos, hoy abrí los ojos por primera vez en este día para mirar y besar los contornos de una mujer que terminé odiando la noche anterior, tal vez la amaré de nuevo o como siempre, con los días contados en un ábaco de hielo, quién sabe hasta donde logre llegar antes del derretimiento de toda esa agua sostenida en esos ojos de nieve.
Que más da, miento mirando a los ojos del buen conocedor de ojos, que se miente creyéndome sincero, palpándome los hombros como un ciego a su lazarillo
miento al jefe que desconfía de mis atributos administrativos y sin embargo me encarga misiones de extrema confianza
Miento, y todo lo que escribo (que ya ha sido escrito por un mejor mentiroso que yo) se celebra en reuniones "donde nos jugamos la vida".
Miento al protestar por alguna injusticia echándome agua y otras yerbas en los ojos, y miento tan bien, pero tan bien, que
finjo que hasta es dolor, el dolor que realmente siento*

Miento en Navidad haciéndome el duro anticonsumista y ateo y sin embargo lloro a hurtadillas por los obsequios no recibidos
Miento y siento temor de Dios a pesar de mi acérrimo ateismo
Miento y sigo existiendo
Miento y aun recibo visitas y llamadas trasnochadas de amigos
Miento y más de un pariente me saluda con una sonrisa por la calle
Miento y aún me siento un hombre sano
Miento y a fin de mes recibo mi cheque
Miento y mi familia todavía considera mi presencia para la cena de fin de año,
Miento y edito un libro
Miento al aceptar la vida como me viene
Miento al putear por la vida que me ha tocado arrastrar

Miento aun cuando de mi bolsillo arranco un cobre de mi sueldo para acribillar al miserable con un sonido de metal en su oscura vasija de aluminio, miento, si, miento, es más de lo que debiera decir, unas manos que cierran los ojos de la noche esperando la fragilidad del mundo, donde todo dormita al fragor de la humillación. Noche de insomnio, sinopsis del día, donde nada queda sin ser ordenado, reorientado, la mente que es un gran filtro justifica todos los actos del hombre, como el invierno justifica al verano, como yo justifico a los que me mienten con un descaro atroz, en mi tumba escribirán: “Aquí yace un hombre sincero, un buen hijo, un buen esposo, un buen amigo, en fin, un tipo a todo dar”.

* Autopsicografía; Fernando Pessoa

Tuesday, January 30, 2007

BUSCABA LA FORMA DE ESCRIBIR UN TEXTO DE LARGO ALIENTO Y ME DIO ACIDEZ




Las maneras que tiene un animal
para alimentarse y darle otra palada de carbón
a la máquina, tiene un carácter a veces aberrante
Basta con poner un hueso entre cinco gatos hambrientos
y encerrarlos en un ataúd para que comience
el acabose del mundo (otra vez)
Basta con ver el comportamiento de un diabético frente a una heladería para quedar ahogado en las babas
en las espumas de la frustración
(sólo unos carbohidratos bastarán para matarme)

De noche suelo levantarme por líquido y fumar la colita que me espera en el estaque del W.C
cruzando de pasadita por el refri para malearme algún bocadillo
Lo que me hace muchas de las veces entrar en estos
mundos comunicantes previa reconcilia con Morfeo.
Duermo:
y en un dos por tres me veo repetir la escena del pitillo en el W.C o en un refri en tinieblas, donde la gran mano de dios, de
un gladiador, mi madre o mi conciencia me levanta por el pescuezo para verificar mi pedigrí, dejándome caer en el caracol onírico del water
lo que me hace despertar con una mueca de temor pánico
para, acto seguido, levantarme por otro bocadillo, y así sigo y sigo sin concebir realidad.

El cuerpo en esta levedad alucinada pierde la grasa
o la magra carne de bistec con toques de ajo frito todo en su jugo
untado con migas de marraqueta que pierde esperanza según pasan los años, la gastritis, la úlcera o el colon irritable,
(¡el estomago señores!, no el corazón, ni el alma)
Y cómo no acordarme con toda esta remembranza pastichera de nuestro Gran Hermano piedra de la poética bulímica, que se comió todo Chile incluido este peacito de mi pueblo por el que, según dicen, también paseó su Bisnes literario con maquinaria pesada y todo.
Pero todo no pasa de ser parte de ese gran mito de estómago favorecido por la hípergula la hiperescritura y el “don de la sed” que suele ser tremenda por estos lares y, que aun no entiendo como aguanto y, por que salió a colación
(por lo mismo)

Y por lo mismo me hago a la idea de fantasear con el estomago
vacío de tripas flojas como chunchules, que harían gritar de asco
a más de alguna flaca con cara de lechuga

(al pensar en chunchules, me sube un gas medio acidito
que regulo apretando el mentón contra la manzana de Adán
así difumino el chanchito por todo el monitor y queda empañadito)